La Cymodea nodosa es una planta marina que crece en aguas templadas y que forma una especie de césped submarino llamado sebadal. Es, además, un enorme quebradero de cabeza para el Gobierno canario, que desprotegió uno de sus sebadales para construir el puerto industrial de Granadilla, en Tenerife. Con la obra, los ejecutivos central y canario pretendían convertir las islas en el puente para los contenedores entre América, Europa y África, lo que requeriría una inversión de 380 millones de euros. Pero el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, en un auto notificado ayer, dio la razón a Ben Magec-Ecologistas en Acción y suspendió de forma cautelar la desprotección del sebadal. La Autoridad Portuaria (de Fomento y la comunidad) paralizó ayer la obra, que comenzó 10 días antes.
En contra de dichas afirmaciones, y con el objetivo de advertir sobre las gravísimas consecuencias que tendría la continuidad de las obras, la Federación Ecologista en Acción entregó sendos informes científicos, en los que se declara cuál será el verdadero destino de los sebadales de no tomarse medidas urgentes, así como que la catalogación como LIC de los sebadales de Güi-Güi y Antequera no suponen ninguna compensación a la pérdida del de Granadilla.
Por otra parte, la Autoridad Portuaria, ha solicitado a los ecologistas una fianza de 31 millones de euros, cantidad que el Tribunal deberá estipular si es justa, considerando que Ben Magec es una ONG sin ánimo de lucro, que pertenece a la Confederación Ecologistas en Acción, declarada de Utilidad Pública en el año 1997, y que además fue galardonada con el premio César Manrique en el año 2003 por “su activismo ecológico, la conciencia y la vigilancia crítica sobre la necesidad de gestionar de manera sostenible los recursos naturales de las islas”.
La Federación ecologista advierte que, de producirse el levantamiento de la suspensión cautelar, pasaría lo mismo que ocurrió en el caso de la construcción del puerto de La Palma, que en el año 1997, una vez construido, fue declarado ilegal por no cumplir con los condicionantes ambientales que habían sido denunciados cuatro años antes por el colectivo ecologista ATAN, y para cuya suspensión cautelar se impuso un aval de doscientos millones de pesetas.









